Teatro Colón
Verdi RIGOLETTO
Fabián Veloz/Leonardo López Linares, Pavel Valuzhin / Darío Schmunck, Ekaturina Siurina / Laura Rizzo, Guadalupe Barrientos / María Luján Miravelli, Ricardo Seguel / Leonardo Estévez, George Anguladze / Goderzi Janelidze. Dirección: Maurizio Benini. Dirección de escena: Jorge Takla. Escenografía: Nicolás Boni. 16 y 19 de marzo de 2019.
 
La producción de este ‘Rigoletto’ porteño llegó con dos repartos y la firma de Jorge Takla en la dirección de escena // Teatro Colón / Máximo PARPAGNOLI 

Los cortesanos en el segundo acto susurran “povero Rigoletto” cuando el viejo bufón les ruega que le digan dónde han llevado a su hija. Es posible que muchos espectadores hayan pensado lo mismo respecto a la opera en sí, a la luz de la producción “moderna y austera” según la definió el propio director de escena, Jorge Takla. Por ello, tras una–aparentemente imprescindible– muestra pornográfica inicial, la corte del Duca se convierte en un decadente vodevil con la evidente intención de expresar una fuerte crítica social, aplicando a una obra de mediados del siglo XIX –en su momento ya muy cuestionada– formulas vigentes en la sociedad actual. El resultado tenía que ser confuso. Lo fue. Todo sea en pro de la modernización de la ópera y en hacerla más cercana a los tiempos de hoy.
La formidable y firme batuta de Mauricio Benini se mantuvo por fortuna imperturbable y demostró con su trabajo que Verdi sigue teniendo vigencia. El coro, muy seguro en su impecable “ziti, ziti” del final del primer acto o en el jolgorio previo al triste reingreso de Rigoletto en el segundo, mostró calidad y enjundia.
El Colón contó con dos intérpretes de Rigoletto, diferentes pero efectivos. Fabián Veloz en un difícil rol para sus medios, fue un padre sensible y sufrido; Leonardo López Linares más violento y vengativo brillando en el “Cortigiani, vil razza dannata!”. Ekaterina Siurina sedujo como Gilda en el “Caro nome” y se mantuvo sin desmayos hasta el final. Fue Pavel Valuzhin un Duca correcto, adecuado, con voz y presencia acorde al personaje, aunque sin estridencias; el tenor brindó una buena interpretación de la siempre esperada “La donna è mobile”. Dario Schmunck, el “otro” resultó ser un duque afiatado y convincente en un papel a su medida. Espléndidas también fueron las dos intérpretes del rol de Maddalena, Guadalupe Barrientos y María Luján Miravelli. Ricardo Seguel dibujó un majestuoso Monterone y los debutantes bajos georgianos George Anguladze y Goderzi Janelidze estuvieron en un correcto nivel para dar vida a Sparafucile. Mención especial para el cuarteto final “Bella figlia del’amore”, con solistas y orquesta sencillamente brillantes.  * Mario F. VIVINO