Royal Opera House Mascate
Rossini  LA SCALA DI SETA
Marina Monzó, Laura Verrecchia. Pietro Adaini, Davide Giangregoril, Paolo Bordogna, Enrico Iviglia. Dirección: Iván López-Reynoso. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 8 de marzo de 2019.
 
La española Marina Monzó fue una deliciosa protagonista de esta faqrsa rossiniana que viajó desde el Festival de Pésaro al corazón de Omán // Royal Opera House Mascate / Khalid AL BUSAIDI 

La Royal Opera House de Mascatet (ROHM) es indudablemente el más importante escenario operístico de todo el inmenso territorio que va de Europa a China. Hasta ahora ha venido importando espectáculos de teatros de todo el mundo, pero parece especialmente interesada, desde esta temporada, en asumir una política de producciones propias. Es lo que ocurre con el actual programa de colaboración con el Festival Rossini de Pésaro, que llevará a Omán las cinco farsas de Rossini, de las que tres son producciones del Festival y las otras dos serán coproducciones con la ROHM.
En marzo viajó a Omán La scala di seta, producción de 2009 del Festival de Pésaro con dirección escénica de Damiano Michieletto y escenografía y vestuario de Paolo Fantin. Se trata de una puesta en escena espumosa, que se desarrolla a través de una serie ininterrumpida de ocurrencias, quizá llevadas al exceso en algún caso pero casi siempre detenidas a tiempo. Ya en la Sinfonía, cuando un interiorista à la mode trata de explicar a dos operarios cómo disponer el mobiliario en un apartamento aún vacío que ocuparán los protagonistas, se observa la sincronía perfecta de los movimientos con la música, comprendidas las pausas cuando el frenesí se detiene improvisadamente. Stendhal hubiera reconocido en todo ello esa “locura organizada y completa” que asimilaba a las óperas cómicas de Rossini.
Los cantantes eran todos alumnos de la Academia Rossiniana de Pésaro, unos más jóvenes que otros, y no tenían fácil la labor porque si las farsas de Rossini parecen asequibles a primera vista esa impresión es a menudo engañosa. Con una voz dulce, ágil y flexible y una interpretación de gran naturalidad la joven soprano española Marina Monzó fue una deliciosa protagonista. Paolo Bordogna demostró su talento en la difícil aria de Germano, que tiene una extensión de dos octavas y confirmó su irresistible simpatía como actor cómico. La parte de Dorvil está erizada de escollos y el tenor Pietro Adami salió indemne de la prueba, aun con algún esfuerzo en los pasajes más agudos. Laura Verrecchia fue una Lucilla llena de ingenio y Davide Giangregorio fue un Blansac impecable. Enrico Iviglia fue todo un lujo como Dormont, el consabido viejo tutor, en este caso sorprendentemente confiado a una voz de tenor. Desde el vibrante ataque de los violines en el Sinfonía de apertura, el mexicano Iván López-Reynoso demostró cómo se puede restituir a la orquestación rossiniana toda la vivacidad y la ligereza deseables, llevando con pulso seguro a la válida Orquesta Sinfónica Goacchino Rossini de Pesaro.  * Mauro MARIANI